Un nuevo contexto de fe.

Los tres pasos de la comunicación de la fe

Deben ayudar a la Iglesia a responder a estas cuestiones fundamentales para las culturas actuales: ¿Cómo hacer accesible el mensaje de la Iglesia a las nuevas culturas, a las formas actuales de la inteligencia y de la sensibilidad? ¿Cómo puede la Iglesia de Cristo hacerse oír por el espíritu moderno, tan orgulloso de sus realizaciones y al mismo tiempo tan inquieto por el futuro de la familia humana?

Conocer la sensibilidad del público y el contexto

Responder a estas preguntas requiere, en primer lugar, una mirada afectuosa a la cultura actual: es nuestra y formamos parte de ella. Una condena generalizada, poco matizada y amarga, nos aleja de la realidad e impide comunicarnos con ella.

La historia de los últimos dos siglos puede entenderse como un proceso de secularización con dos vertientes: por un lado, el avance de la desclericalización y, por otro, la pérdida de la visión trascendente de la vida y del mundo; es decir, un aspecto positivo y otro negativo. Se calificó a nuestra época como poscristiana y eso forma parte del desafío que los católicos tenemos hoy. Sin embargo, es indudable que los valores positivos imperantes en la cultura actual hunden sus raíces en el cristianismo.

Profundizar en los contenidos para encontrar enfoques nuevos

Con la ayuda del Espíritu Santo, la Iglesia custodia el tesoro de la fe. En ese tesoro encuentra la sabiduría para ser luz de la gente. Por eso, el Papa invita a toda la Iglesia a captar los signos de los tiempos que el Señor nos ofrece continuamente. Signos que deben releerse a la luz del Evangelio.

Sin estudio, sin diálogo con aquellos que saben más, sin reflexión, no se pueden descubrir las nuevas luces que iluminarán los tiempos actuales. Encontrar nuevas ideas y nuevos enfoques es un proceso arduo, lento, riesgoso. Para acertar, hay que jugarse . La mejor explicación no está escrita; es la que cada uno puede sintetizar escuchando las preguntas de sus amigos y amigas, comprendiendo su mentalidad y su contexto, y uniendo la propuesta del cristianismo con el ambiente en que cada uno se encuentra.

Mejorar los modos de la comunicación

En comunicación, la profesionalidad comienza con las etapas mencionadas más arriba, y se completa con el uso de herramientas y tecnologías adecuadas. Las más antiguas de todas son la retórica y la oratoria, todavía tan fundamentales como en tiempos de Aristóteles y Cicerón.

Los obispos latinoamericanos han hecho un diagnóstico crudo: Es necesario comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como esta es presentada.

Hay mucho trabajo detrás de las ideas y los modos de comunicación, y estamos acostumbrados a ver productos de excelente calidad, folletos de Nike, anuncios de Coca-Cola o campañas de bien público hechas por los mejores. En muchos casos, la profesionalidad no consiste solo en el esfuerzo y en tener ideas, sino en saber acudir a profesionales: diseñadores, editores, publicitarios, entre otros.


Ludwin Alejandro Pérez López
Clave 18.

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